La cárcel del alma, el cuerpo que es cárcel


¿Qué quieres ser? Seguramente en la antigüedad nadie se preguntaba mucho por ello, es decir, hace muchos siglos cuando el trabajo no estaba especializado y no existían las profesiones. Uno "era" y ya, se era desde el nacimiento, se era ser humano, una magia compleja compuesta de retazos, de personalidad, actitudes y recuerdos acumulados en una memoria que iban construyendo el yo. Hoy nos preguntamos qué queremos ser y si tenemos ese chance pues... aprovechemos ¿no?

Ser. ser implica una filosofía de vida, unas virtudes y unos principios inamovibles y una constante lucha por ese ser. Es importante darse cuenta quién quiere ser uno. Yo no quiero ser mediocre, nunca lo he sido. Sin embargo, me he decidido porque debo seguir insistiendo en lo que a mis 21 años ya sé que amo, me gusta y me inspira. Amo bailar, amo mi llano, mi tierra, amo compartir y conocer a las personas, amo poder innovar. Hay cosas que no me gustan y para las que definitivamente no soy buena. Uno de las cosas que me gustan es escribir este tipo de reflexiones que no son poesía, no. Tampoco son una opinión en estricto sentido. Es prosa, es prosa simple y desordenada y quizás poco estricta.

Otra cosa que me inspira es compartir con mi familia y mis amigos. Por lo anterior, es momento de dirigir la vida a cómo la queramos, no como otros planteen que hay que vivirla o que hay que sacrificar para llegar a algún lado.

Ahora, cuando dejamos que otros influyen nuestro modelo de vida, nuestras decisiones. Cuando dejamos que nos impongan eso que no amamos, que no nos inspira que no nos gusta y que lo hacemos por otras razones, ahí, ahí el alma está encrucijada. El alma se apequeña y el cuerpo le aprisiona y entonces, la cárcel es el propio yo porque no se soporta a sí mismo.

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